Teatro de la Abadía

Calle de Fernández de los Ríos, 42,

 

Antropoceno

 Del 20 de febrero al 29 de marzo, 2020

 

Silvia Acosta, Julio Cortázar, Kateryna Humenyuk, Almudena Ramos


De martes a sábado, 20:00h
Domingos, 19:00 h

 

Con “antropoceno” (del griego “anthropos”, humano, y "kainos" , nuevo o reciente), nos referimos a nuestra época actual, en la que la tierra está cambiando aceleradamente a causa de la actividad humana.

Thaddeus Phillips explora la encrucijada en la que nos encontramos: “Podemos usar nuestro poder como gestores de nuestra propia realidad y asegurar la supervivencia de la especie humana y del planeta que habitamos, o podemos autodestruirnos. Se hace necesario un nuevo salto en la evolución humana. Esta vez generada por nosotros mismos y ya no por nuestro medio ambiente. Ya no deslumbrados por la adquisición de nuestra nueva y poderosa herramienta, la razón —ese fuego robado de los dioses por Prometeo—, sino responsabilizándonos por ella y usándola con sabiduría.”

En su 25º aniversario, el Teatro de La Abadía presenta con Antropoceno un espectáculo eminentemente visual y poético, que indaga en cómo nos afecta, nos asusta y nos inspira la cuestión: “¿Qué mundo estamos dejando atrás a nuestros hijos?” Una cuestión inmensa y vital que debe abordarse con inquietud, valor y esperanza.Y, en la medida de lo posible, con humor.

Delicuescente Eva

EN CARTEL DEL 5 DE MARZO AL 5 DE ABRIL

 

Natalia Huarte, Javier Lara. María Morales

 

De martes a sábado, 20:30h
Domingos, 19:30h

 

Delicuescente Eva es el cierre de la trilogía de Lo propio de Javier Lara. Después de Mi pasado en B y Scratch, miramos, entre la bruma, a su hermana mayor y, a través de ella, a las eternas contradicciones que aparecen cuando se habla de educación o familia, a la frágil y peligrosa dependencia entre miedo y amor, a las complejas relaciones entre hombres y mujeres.

Un bosque. La naturaleza se abre paso. Una oscura cuesta abajo y un coche que una mujer conduce a toda velocidad. En el horizonte de una curva aparece una luz y conforme se acerca el coche se adivina un hombre que, en mitad de la carretera, arde con los brazos abiertos. La cuesta se impone y se produce el accidente. El coche, y la vida, dan vueltas de campana.

Ahí, en mitad del accidente, en ese espacio medular, interior, quizá baldío e informe, casi olvidado, donde gritan fino y pequeño las voces sin cuerpo, donde abren la boca para beber los sentidos, ahí: hubo alguna vez algo, algo bello, algo escondido en la espesura.

Ahí, dos hermanos, intoxicados por la violencia de su educación -Hansel y Gretel definitivamente abandonados por sus padres, Adán y Eva permanentemente expulsados del Jardín del Edén- descubrirán la evidente inutilidad de trazar un camino de vuelta a casa. No hay miguitas, no hay pajaritos. Fin del cuento.

Ahí, Eva, delicuescente, con la propiedad que tienen algunos cuerpos de absorber del aire la humedad que necesitan para sobrevivir, nos espera para acompañarnos en esta incursión nocturna a lo más profundo del bosque.

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